La estación de tren era
sorprendente, era como un palacio con arcos muy abiertos, el tren estaba
estacionado y me asombré ver una máquina tan grande y una estructura tan
extensa, empecé a caminar y a tratar de ver hasta dónde llegaban los vagones
pero no lo pude ver porque el tren estaba estacionado de una forma mas o menos
curva como una serpiente y cuando empecé a caminar para ver como era del otro
lado Pedro me dijo que no me separa de ellos. Había mucha gente además, la
mayoría humanos sin embargo logré ver algunas de esas creaturas semi-humanas
que el maestro Blur me había mencionado alguna vez, hablé con un par de
viajeros y me dijeron que estaban ahí solo para ir a tratar de obtener el
Emblema del Relámpago. El Maestro Blur estaba en una especie de mesa con un
vidrio comprando los tickets para poder subirnos al tren.
-
Les
tengo malas cogh noticias muchachos.
-
¿Qué
sucedió? Le pregunté con mucha curiosidad.
-
Ya
no hay más tickets para el tren, y el cogh siguiente vendrá hasta dentro de dos
días debido a unas cogh reparaciones, tendremos que esperar cogh.
-
Vaya.
Dijo Pedro. Eso sí que es una mala noticia, a mí que no me gusta esperar,
aunque tal vez haya una forma, si nosotros… mmm…
-
¿Una
forma? Cómo.
-
Bien,
los tickets del tren los dan en una cantidad igual a los asientos que tienen
los vagones, significa que aún hay espacio en el tren, y si logramos subirnos
podremos ir en algún pasillo o en los vagones de carga, no es tan incómodo, yo
lo se por experiencia.
-
Excelente.
Le dije. Entonces subamos a ese tren.
-
No
espera Talen no es tan sencillo, no podemos subir así nada más, al entrar
siempre piden el ticket.
-
¿Y
entonces?
-
Verás,
antes de que arranque los guardias del tren revisan los compartimientos para
asegurarse de que nadie se haya infiltrado como yo te decía, así que debemos
esperar a que empiece a avanzar y luego saltar sobre algún vagón, es algo
peligroso pero nunca nadie ha muerto por intentarlo.
-
No
se si yo pueda por mi edad cogh. Dijo el maestro Blur algo preocupado.
-
No
se preocupe maestro nosotros lo ayudaremos ¿verdad? Le dije a Pedro.
-
Si
claro, ahora sólo debemos escondernos en la salida y cuando el tren arranque
será el momento de actuar.
Así nos fuimos a la
parte externa de la estación detrás de un muro por donde salía el tren y esperamos
un poco. Unos diez minutos después el silbido del tren empezó a chiflar y la
chimenea de la locomotora empezó a destilar un humo blanco como si una nube
estuviera naciendo de ahí, aunque me pareció ver entre el vapor una pequeña
creatura que salía muy feliz, parecía una pequeña bola de humo con unos ojos
negros muy grandes y una pequeña colita. Se empezó a escuchar el sonido de las
máquinas trabajando que hacían girar las ruedas principales, y el tren empezó a
avanzar muy lentamente.
-
Muy
bien. Dijo Pedro. Es ahora el momento, los guardias ya no cuidan y podemos
saltar, vamos que ahí delante viene un vagón de carga, ahí podremos viajar.
Cuando el vagón
pasó frente a nosotros empezamos a trotar un poco para ir a su velocidad,
primero saltó Pedro y logró sujetarse con mucha maestría, - apresúrense. Nos
dijo. Salté yo y con un poco de dificultad logré sujetarme también, - ahora
usted señor Blur. Le dijo Pedro. – Ahora voy cogh cogh. Y saltó aunque no logró
aferrarse de nada, empezó a caer hacia atrás pero yo lo auxilié para evitar que
cayese, aunque al momento de hacerlo la fuerza que él llevaba me jaló también y
ambos caímos al suelo a la orilla del tren. – Esto no está bien, no está bien,
no, no. Dijo Pedro y saltó de su lugar para ir a ver si estábamos bien.
-
Lo
siento mucho Pedro. Le dije mientras el tren pasaba a la par nuestra y seguía
acelerando.
-
Esperen.
Dijo Pedro. Aún podemos aferrarnos otro vagón, verán, el último vagón siempre
tiene una baranda y una pequeña plataforma al final en la cual podremos
aterrizar si saltamos, sólo que será un poco más difícil.
Así esperamos unos
minutos hasta que llegara el último vagón, al momento de que éste pasaba, el
tren ya iba considerablemente rápido, aún así Pedro nos gritó: -ahora corran
corran. Comenzamos a correr con todas nuestras fuerzas, sin embargo iba
demasiado rápido para que lo alcanzáramos, de pronto el maestro Blur nos gritó
desde atrás: - vamos sigan corriendo. Y con un hechizo que nos lanzó nuestras
piernas empezaron a emitir una débil luz y se empezaron a mover a una velocidad
sobrehumana – dense prisa. Nos seguía gritando el maestro Blur. – que el
hechizo no tardará mucho y no lo podre volver a hacer por un buen tiempo. Era
sorprendente, así los tres alcanzamos el último vagón, subimos por la plataforma
que tenía una baranda y entramos en el furgón.
-
¡Que
cosa! Dijo Pedro jadeando. Porque ¿por qué no? Ha ¿por qué no hizo eso antes?
-
No
lo se cogh. Le respondió el maestro Blur. No quería hacerlo porque ese hechizo
debilita cogh mucho mi magia y debo descansar bastante para recuperarla cogh.
El vagón en donde
estábamos era muy extraño, estaba completamente vacío y pintado todo de color
rosado con dibujos de flores por todos lados, flores de todos los tamaños,
formas y colores imaginables.
-
¡Vaya!
Exclamé mientras miraba alrededor muy fascinado. No tenía idea de que el
interior de un tren fuera así.
-
¡Es
porque no son así! Gritó una voz femenina que parecía algo molesta.
Al oír eso los tres
voleamos a donde provenía la voz. La puerta que conectaba con el siguiente
vagón se había abierto y de ella salió una joven damisela que más que una
princesa, parecía un ángel (sólo a simple vista), era un poco más alta que yo,
una piel blanca que aunque no la estaba tocando daba la impresión de ser tan
suave como la de un bebé, tenía unos ojos azules con una mirada muy temeraria y
segura, cabellos no muy largos de color azul marino con rayas negras y con un
peinado que le extendía su pelo hacia atrás y afuera, y que le quedaba muy bien
también, vestía unas botas negras y ajustadas que le llegaban hasta las
rodillas, luego una falda color rosa con rayas negras que comenzaba unos
centímetros más arriba que sus botas, un cinturón plateado algo grande donde
portaba un cetro pequeño, una especie de blusa negra un poco escotada de ambos
lados, guantes rosados que se extendían hasta sus codos y un disco de duelos
negro que parecía muy lujoso en su brazo izquierdo. Al verla me pareció que era
una de esas chicas que hacen que las amistades entre mejores amigos
desaparezcan. Al ver a Pedro noté que él la miraba como si estuviera
hipnotizado o algo parecido, y cuando vi al maestro Blur, bueno él, estaba
sentado en una esquina, supuse que se encontraba muy agotado por hacer el
hechizo que nos dijo, pero no parecía estar sorprendido por la chica. La
damisela continuó hablando.
-
Este
es un vagón especial reservado exclusivamente para mí, y no quiero que unos
vagabundos apestosos estén en él, así que les voy a pedir que tengan la
amabilidad de saltar por la ventana, o si no, llamaré a los guardias que de
todas formas los lanzarán por la ventana.
-
Espera,
espera, espera princesa. Dijo Pedro bastante nervioso. No somos vagabundos
somos…
-
No
me digas princesa que no soy una, las princesas son débiles y lloronas. Lo
interrumpió la chica.
-
A
bien, y entonces ¿qué título tienes?
-
No
tengo porque contestarte nada vagabundo además eso no te importa.
-
No
somos vagabundos. Le dije yo esta vez. Somos viajeros que buscamos…
-
No
me importa que buscan, para mí son vagabundos que no tenían ni dinero para
pagar un pequeñito ticket de tren. Me interrumpió la chica.
Yo solía pensar que
sabía como tratar a las personas pues en mi pueblo de Alche me llevaba muy bien
con todos pero en esta situación ya no sabía que hacer, empezaba a considerad
la posibilidad de saltar por la ventana. Hasta que el maestro Blur se acercó y
razonó con ella.
-
Disculpa
nuestra intromisión jovencita, cogh pero necesitamos de tu ayuda para evitar una
cogh catástrofe futura.
-
Que
cosas dice, está usted loco, si les daré mi ayuda pero para bajar de aquí.
-
Creo
que podemos cogh llegar a un arreglo cogh.
-
¿Un
arreglo? ¿Qué tienes viejo? De pronto su tono cambió como si tuviera algo de
interés, pero aún así parecía un poco enojada. Si algo he aprendido es que
incluso los sucios vagabundos como ustedes a veces cargan valiosos tesoros.
Pero, ¿qué pueden tener ustedes que me interese?
-
Sorprendente.
Le dije a Pedro en voz baja. Si el maestro Blur logró convencer a esta chica
que nos considere, entonces creo que no tendrá problemas son Skarlet.
-
Jeje
tienes razón. Me contestó en el mismo tono.
-
Ya
dejen de susurrar. Nos dirigió la palabra la chica. No saben que es de mala
educación hacerlo, bueno pero viendo lo vagabundos que son supongo que no lo
sabían, no saben nada, pero ahora contesten ¿tienen algo de valor o no?
-
Bien,
yo tengo este Emblema de Aqua que gané en el lago Kairyu-Shin. Dije.
-
Yo
puedo darte mi corazón. Dijo Pedro mientras se ponía todo colorado.
-
Yo
puedo enseñarte algunos cogh hechizos que nunca aprenderás en ningún otro lado
cogh te lo puedo asegurar. Dijo el maestro Blur con mucha calma y convicción.
Luego la chica nos
iba diciendo mientras nos señalaba según el orden en que acabábamos de hablar:
-
Tú,
eres un ignorante, casi todo el mundo que está participando en el torneo tiene
ya el Emblema de Aqua, ¿como es qué no sabes nada? Me di cuenta de lo asombrado
que estabas al entrar a mi vagón, está claro que estuviste viviendo en el
bosque toda tu vida. Tú, eres un ridículo, ¿cómo dices esas cosas? Y tú viejo…
¿cómo sabes que estudio magia, eres también un hechicero?
-
Así
es cogh, y se que estudias magia por el cetro que llevas en tu cinturón cogh,
es un cetro básico de para conjuros de invocación. Conozco algunas técnicas
para mejorar ese tipo de conjuros.
-
Ya
veo que tú no eres tan ignorante. Le dijo ella un poco más calmada. Bien se me
ocurre algo… veo que todos son duelistas, duelistas vagos pero duelistas a fin
de cuentas, así que les dejaré seguir en este tren y no llamaré a los guardias
si y solo si uno de ustedes me vence en un duelo, y luego, si eso llegara a
pasar, usted, viejo, me enseñará esas técnicas que dice, es la única opción que
les doy.
-
Y
cogh la tomaremos. Dijo el maestro Blur. Yo no pelearé porque estoy muy cansado
vaya alguno cogh de ustedes muchachos.
-
¡Yo
lo haré! Y saltó Pedro al frente ofreciéndose para pelear.
-
Espera
Pedro. Le dije. Creo que deberíamos pensar esto bien.
-
Por
favor Talen, esto lo debo hacer yo, siento que es mi destino, por favor quiero
enfrentarme a ella.
-
Bien
pero no te vayas a distraer por su apariencia, ¿entiendes?
-
Si
no te preocupes, pero verdad que es bellísima.
-
Sin
duda que sí, pero concéntrate.
-
Bien
my lady. Le dijo. Comencemos el duelo, solo que antes me gustaría saber tu
nombre.
-
En
primer lugar no trates de hablar así porque no te va bien. Dijo ella un poco enojada
otra vez. Y segundo no te diré mi nombre, pero se me ocurre algo más.
-
Si,
lo que tu digas my lady.
-
Veo
que además de patético eres muy necio, dije que no hables así.
-
¿Hablar
así? ¿Cómo así? Así es como yo hablo.
-
¡Cállate!
Le gritó la chica. Escucha, este duelo tendrá una regla muy especial, si
quieres averiguar información de mí, deberás demostrar que eres digno, tendrás
derecho a hacerme una pregunta cada vez que hagas que mis puntos de vida
disminuyan, sin embargo, si yo logro reducir tus puntos de vida también deberás
contestar lo que te pregunte pues me intriga un poco lo que dijo el viejo de
evitar una catástrofe, y debes ser cien por ciento sincero y honesto conmigo
odio las mentiras y soy muy buena detectándolas
-
Bien,
me parece bien. Dijo Pedro. Después de todo yo soy un gran duelista ya poseo
diez de los emblemas del torneo de duelos, sólo me faltan dos para pasar a la
siguiente fase.
-
¡Diez
emblemas! No lo creo, yo sólo llevo cinco, muéstralos. Le gritó la chica, Pedro
sacó un estuche que guardaba en su chaqueta y se los mostró. Bien, veo que si
es cierto, nada mal, entonces… sabes te propongo algo más. Si pierdes este
duelo me entregarás todos tus emblemas del torneo.
-
¿Qué?
Mis emblemas, claro que no, ¿por qué he de arriesgar lo que tanto trabajo y
tiempo me ha costado?
-
Espera
que aún no he terminado, si pierdes me entregarás esos emblemas pero si ganas…
te daré lo que me pidas.
-
Claro,
sí te daré mis emblemas. Le contestó rápidamente Pedro.
En ese momento
sentí un poco de envidia de Pedro por tener la oportunidad enfrentarse a una chica
como ella bajo esas condiciones, pero unos minutos después se me pasó, después
de todo la muchacha por momentos me hacía sentir muy estresado con esa actitud.
Los dos se colocaron a su debida distancia ya que el vagón era muy espacioso
por no haber ningún mueble ni más personas además de nosotros. Encendieron sus
artefactos de duelos y se hicieron visibles los puntos vitales. La chica era la
duelista uno (d1) = 8000 y Pedro era el duelista dos (d2) = 8000.
hola hola los siguientes capítulos estarán en el blog LA HISTORIA DEL VIOLIN ROJO
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