Era alrededor de media noche, tenía ya todas mis cosas preparadas para mi viaje; provisiones, un mapa, un cuaderno forrado de cuero, una toalla, una túnica de repuesto, una soga con un gancho que había conseguido en el mercado, y algunas monedas que tenía ahorradas. Estuvo lloviendo durante todo el día y ahora estaba lloviznando, lo cual era perfecto ya que de esa manera el sonido del agua amortiguaría cualquier sonido que yo hiciera al escapar. Como mi habitación estaba en el fondo del orfanato tuve que salir al patio de atrás por mi ventana y luego escalar el muro (que no era tan alto) con la soga y así emprender mi camino. Luego de hacerlo bajé por la calle y avancé algunas casas hasta el límite del pueblo para salir, así voltee a ver para despedirme del hogar que había tenido durante toda mi vida, el orfanato se veía ya un poco lejos y no se distinguía muy bien debido a la penumbra, unas calles más arriba había una casa de dos niveles que aún tenía la luz encendida en una de sus habitaciones, y por un instante, pensé y nada más pensé en regresar a casa y seguir con la vida que había tenido hasta ahora, pero algo en mi interior me impulsaba y emocionaba a seguir con mi travesía, así que dirigí mi mirada hacia los campos llanos frente a mí y empecé a avanzar hacia el este a través del mojado pasto y bajo la débil llovizna.
Empezó a amanecer casi al mismo tiempo en que la llovizna se acabó y el cielo empezó a despejar, al aparecer los primeros rayos de sol me cambié la túnica con la de repuesto y coloqué la mojada sobre la mochila para que se fuera secando. Mientras avanzaba iba llegando a una zona con algunos árboles de baja estatura, haciendo parecer a la llanura menos amplia, de pronto empecé a escuchar una especie de llanto de algún animal, me preocupé que alguna trampa de cazador hubiera atrapado a alguna indefensa creatura así que seguí el sonido hasta que di con unos arbustos. Ya el sol estaba claro y cuando vi detrás de los arbustos vi a un pequeño dragón bebé, medía como un metro cincuenta de alto y era color amarillo con el vientre blanco y unas pequeñas alas, me di cuenta que estaba herido gravemente en su pierna derecha y tenía un poco rota el ala derecha también, pero me pareció extraño que no había ninguna trampa cerca y el pequeño hacía intentos por volar y avanzar en la dirección mas o menos en la que yo iba. El pequeño dragón no me notificó hasta que me acerqué para colocarle un vendaje con mi toalla en su pierna herida, cuando se dio cuenta de lo que yo hacía empezó a gritar más y trató de apartarme de su camino, yo lo trataba de calmar pero lamentablemente no se hablar dragón así no me hacía caso, con mucha dificultad logré completarle el vendaje no sin antes recibir una buena cantidad de arañazos por parte de sus garras y cuando al fin terminé, el dragón observó su herida y me vio de una forma extraña, como agradeciéndome pero también como diciéndome que no había servido de mucho (aunque a mi me parecía que si), así siguió tratando de avanzar de manera torpe debido al dolor, yo no entendía porqué lo hacía hasta que escuché un rugido que venía de atrás, giré rápidamente para ver que era y buen susto que me dio ver una horrible bestia que se aproximaba corriendo hacia nosotros, era un angus, los angus son creaturas salvajes y violentas, con grandes colmillos hacia arriba que salen de su mandíbula inferior, son grandes como un oso y mas fuertes aún, según lo que había leído cuando están furiosos pueden exhalar fuego y que nunca están en silencio, cosa que era cierta ya que esta bestia producía un rugido casi constante, como si así fuera su respiración, además noté que tenía un ojo herido, tenía el párpado izquierdo cerrado y con algo de sangre, era obvio que estaba persiguiendo al bebé dragón y hubo un momento en que éste lo atacó para poder escapar, fue lo que se me ocurrió de repente, cuando me di cuenta el angus ya estaba muy cerca y saltó encima del dragón, vi cómo trataba de morderlo pero el pequeño se movía mucho, y no se cómo pero por instinto salté para golpear al angus bajándolo así de la pobre creatura, cuando cayó a un lado se incorporó rápidamente, me vio a los ojos y saltó hacia donde yo estaba, estando aún asustado pero con la adrenalina corriendo por mi sangre, cogí rápidamente una vara que estaba en el suelo y con un movimiento veloz se la ensarté en el ojo derecho, luego el angus cayó y empezó a rugir como nunca, golpeando por todas partes ya que había quedado sin visión y se estuvo así por casi un minuto, el bebé dragón seguía tratando de escapar y con el ruido que hacía al arrastrar su pierna el angus se dirigió hacia él y lo mordió de la cola, yo ya no sabía que más hacer, me sentía agotado y aún estaba asustado. Pensé que así era la naturaleza de este mundo; el angus debía comer y el dragón sería su desayuno, cuando de pronto un gran dragón aterrizó frente a la horrible escena, era enorme de unos treinta metros de alto, de un color naranja y tenía una apariencia majestuosa y antigua, y con un solo soplido de su fuego dañó severamente al angus provocando así que éste se alejara rápidamente del lugar dejando al bebé dragón herido mas no muerto. El gran dragón examinó al bebé y lo empezó a palpar con una extraña forma de curación, después de unos momentos me di cuenta que se trataba de uno de esos dragones milenarios y su cría, así que me quedé viendo lo que pasaba y haciendo algunas anotaciones en mi cuaderno.
Unas horas más tarde el bebé dragón ya parecía estar bien y me dio la impresión que se empezó a comunicarse con su madre contándole lo que había acontecido, la madre dragón se me acercó e hizo un sonido que yo interpreté como “gracias por ayudar” luego, agachó su cabeza en señal para que yo me montara, (así como contaba uno de los abuelos del acilo sobre historias de los jinetes de dragones) así lo hice aunque un poco nervioso, la dragón empezó a volar con su pequeño al lado y yo con mis brazos iba indicándole por dónde debía seguir. Así avanzamos por casi una hora hasta llegar a la montaña del este (el monte no tenía un nombre en realidad así que lo llamé la Montaña del Este).
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